viernes, 8 de octubre de 2010

Azúuuuuuuucar

El primer día llegué tarde, cosas de la vida y del transporte y cuando abrí la puerta y me encontré con todas aquellas miradas desganadas, el primer escalofrío me recorrió el cuerpo. Aquello no parecía un curso, sino un entierro.

No sé si se debía a la solemnidad de la primera clase, a las inclemencias del tiempo o al último escándalo político, pero el caso es que todos me miraron de soslayo sin dejar escapar ni media sonrisa, como si tuvieran miedo de que el alma se les fuera por algún resquicio.

El chasco fue tremendo. Apenas hacía unas semanas que había retomado otro curso, el de inglés y me había tocado el mejor grupo que hubiera podido imaginar, con una figura estrella, un productor de teatro, hipérbole de la femineidad, que además de hablar un inglés perfecto, me resultó el personaje más divertido y excéntrico con el que yo me haya topado en esta ciudad.

A medida que el nuevo curso fue avanzando, nos fuimos conociendo y entre pausas entablé conversación con una mujer de voz tan ligera y aterciopelada que contrastaba enormemente con su fuerte complexión. El primer día la había visto resolver prácticas sencillas con mucha dificultad y se me ocurrió pensar, que con esos ademanes delicados y esa voz envolvente podría ganar mucho más dinero con cualquier actividad que pudiera realizar detrás de algún teléfono. Me pregunté cómo sería su vida, su trabajo, su casa o sus amigos.

Una tarde se me acercó algo tímida y me dijo en un castellano perfecto, -¿entonces tú hablas español, no?-, aquella sencilla frase me dejó atónita y la miré como si de una aparición se tratara.

Me contó, sin error alguno, que se había ido a Cuba para estudiar español y aprender a bailar salsa y que había vivido allí seis meses. Me dejó fascinada el remango de aquella mujer madura que había decidido poner tierra por medio para aprender a contonear el trasero y a decir “un mojito, por favor” sin acento alguno. Pero lo que más me cautivó fue que hubiera sido capaz en tan poco tiempo de aprender el idioma con una fluidez extraordinaria y un perfecto y rítmico acento cubano. Lo tuyo son los idiomas, le dije con la boca abierta y también pensé, esto sin decirlo, “deja la informática”.

Aquel día regresé a casa pensando que allí había gato encerrado y que semejante progreso con un idioma sólo podía deberse a una cosa, amor. Desde aquel día, la miré con otros ojos y me divirtió comprobar, como tantas otras veces, las sorpresas que a veces se ocultan tras una insípida fachada.

Y cuando el curso tocó a su fin, caminamos juntas por el Ring de camino al centro de la ciudad. Y entonces me descubrió lo que yo imaginaba. Tenía un novio cubano, un “jovensssito” se rió, al que visita varias veces al año y que no ha conseguido traerse a Alemania, la policía, contó, parece que no está dispuesta a conceder un visado a un muchachito sin arraigo en Cuba, dicen que es el candidato perfecto para la inmigración ilegal. -Y ¿tú? le dije, ¿no quieres cambiar esta lluvia taladrante por el mar del Caribe?-. No, no, aquello está…¿cómo se dice? muy retrasado, concluyó.

Y en aquella esquina nos despedimos con un abrazo muy cariñoso, de esos que sólo pueden dar los que han conocido el sur, luego me alejé con pasito salsero, cantando aquello de "noooooo, no hay que lloraaaaar, pues la vida es un carnaval y es más bello vivir cantandoooooooo..."



*la foto de la entrada es de un mural en la pared de un bar de Colonia que viene a decir, "el amor muere a los 60 grados"

4 comentarios:

keanegasteiz dijo...

Hola, Celia:

Fascinantes las historias que nos regalas, fascinante tu manera de contarlo, y fascinante tu forma de vivir.

Eres admirable.

Un besazo.

Lu dijo...

¡Fantástica como siempre!

Tus historias me transportan hacia lugares lejanos y culturas diferentes. Siempre es un placer leerte. Después de un largo día me gusta sentarme en el sofá y entrar a ver si has escrito algo nuevo, para hundirme en él y disfrutar...

Un beso,

Lu.

simplepoblano dijo...

Fabuloso!
Como siempre los caminos se encuentran, tanto para el 'novio' como para la señora de sensual voz - la vida es, definitivamente, un gran carnaval!
Besos
A+A

Alfredo dijo...

Ja, me encanta como lo cuentas Celia. Y... ¡Allí hay azúcar!

Saludos cordiales,

Alfredo.