miércoles, 26 de enero de 2011

De camino a México DF

Se me había olvidado lo pesado que es viajar al DF en esos aviones enormes llenos de turistas inquietos y desesperados por tocar tierra. Elegí para este esperado regreso KLM, aerolíneas holandesas, en el convencimiento de que sería imposible encontrar otra compañía que tuviera asientos más incómodos y estrechos que Lufthansa.

El lugar que me cayó en suerte, previo pago de unos 160 euros extra, no parecía malo del todo, era uno de esos asientos junto a la puerta que no sólo tienen un montón de espacio para estirar los pies, sino también un montón de obligaciones que se adquieren marcando en la compra, la casilla “acepto condiciones”.

El trato es el siguiente, en caso de siniestro, nada de desmayos ni sálvese quién pueda. Hay que adoptar la digna actitud de un capitán de barco, aunque sin sueldo y ayudar en el salvamento del resto de pasajeros, sí, habéis oído bien, la proximidad de la puerta hace necesario que semejantes lugares sean solo para altruistas ágiles y delgados, de corazón robusto que puedan resistir cualquier susto y además tengan la templanza de no saltar los primeros.

Pero la alegría por el espacio extra, se desvaneció rápidamente. La proximidad de los baños hace que tu pequeña “salita” esté siempre ocupada por pasajeros de vejiga ligera y por conversadores noctámbulos que se empeñan en arrebatarte cualquier privilegio o comodidad.

Para colmo, a mitad de la noche, se apareció un tipo de dimensiones extra largas que parecía tener una lesión en una de sus interminables piernas. Descubrió, enfrente del mío, el asiento que usan las azafatas durante el aterrizaje y que permanece plegado durante el vuelo. Aquello le debió parecer la salvación, poder zafarse de un minúsculo asiento y ocupar aquel otro donde estirar sus piernas y dormir plácidamente, no era mala idea.

Así que se puso en marcha, buscó a una azafata y con cara de sufrimiento señaló alternativamente su pierna y el asiento. Después de conseguir el beneplácito, se desprendió de su cara de víctima y se acomodó metiendo las piernas por donde podía y le cabían, despojándome de cualquier privilegio que me hubiera podido aportar mí asiento.

Como el hombre no encontraba sosiego, se revolvía y revolvía, descamisado, sudoroso, buscando las comodidades de su cama y se derrumbaba como un saco resoplando de un lado y de otro, con la cabeza y las piernas colgando en posición de degüelle. Le observé a hurtadillas, con los ojos semicerrados hasta que le oí roncar, lo que me faltaba. Su nivel de relajación se volvió tan perfecto que en una de sus vueltas el peso le venció y se escurrió hasta el suelo aplastando mis pies y su cabeza. Moraleja, no hay nada como ser rico y volar en Business.

Así que si queréis un consejo, no preocuparos demasiado de la comodidad, en esos vuelos uno no encuentra ni postura ni sosiego. Lo que sí merece la pena es reservar un lugar junto a la ventanilla para no perderse el paisaje nocturno que presenta el DF durante el aterrizaje. A medida que el avión se acerca a la ciudad, aparece un inmenso e interminable mar de luces que vibran y reverberan, que discurren y encienden montañas y valles y que circulan y parpadean hasta donde la vista alcanza.

Una ciudad maravillosa e incierta que encierra, sin duda, múltiples y complejas facetas.

4 comentarios:

Sazi dijo...

Mira por donde yo también trabajo en Colonia y soy de Bilbao. Será un placer seguirte y quizás nos crucemos un día.

Mexiñol dijo...

yo por eso mejor pido el asiento en la salida de emergencia, pero la que está sobre el ala, ahí las desventajas son dos, uno que no puedes poner maletas bajo el asiento delantero, y la otra que al llegar al destino el ala te impide un poco la vista de la ciudad

C.Ruiz dijo...

Hola Sazi
eso si que es una coincidencia! qué haces por aquí?

Mexiñol, has conseguido alguna vez esos asientos? Lufthansa los reserva para los Senator, en KLM los puedes comprar, es lo que yo hice.

Saludos!

Nativi dijo...

Doy fe de la incomodidad de los aviones. Viaje a China este verano en uno de la KLM. 12 horas enlatada.
Saludos